Hoy COVID19… ¿y mañana?

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Hoy COVID19… ¿y mañana?
(Comunicado del INSSA sobre la Crisis Pandémica)

 

Los hombres se han acostumbrado tanto a vivir en condiciones de crisis perpetua y de perpetua emergencia que no parecen darse cuenta de que su vida se ha reducido a una condición puramente biológica y ha perdido todas las dimensiones, no sólo sociales y políticas, sino también humanas y afectivas.

GiorgioAgamben

Como sujetxs, en el transitar de este camino colectivo hacia un mundo diferente, nos vimos en la necesidad de compartir nuestros sentipensares en el contexto de la crisis pandémica que atravesamos como sociedad.

La reducción extraordinaria de la morbimortalidad por enfermedades infecciosas, en las últimas décadas, había alimentado la esperanza de un mundo sin epidemias.

Sin embargo, la crisis producida por la Covid-19, no representa un hecho o evento aislado o fortuito, sino que emerge de condiciones que el mismo ser humano generó, por sus acciones u omisiones, ante la falta de un pensamiento crítico, previsor y solidario y se suma a varias zoonosis precedentes como el SARS-CoV (2002), la gripe aviar por H5N1 (2005), la gripe A por H1N1 (2009), el MERS-CoV (2012) y el ébola (2014), pudiendo todas ellas ser consideradas como enfermedades prevalentemente antropogénicas.

A pesar de ello, la pandemia por COVID-19 cuenta con características propias, con consecuencias reales que impactaron, impactan e impactarán en la vida cotidiana de cada persona y en sus respectivas comunidades, que no deben ser minimizadas.

En este contexto, si no nos reconocemos como parte de un todo viviente, dinámico, forzosa y naturalmente cíclico será complejo salir fortalecides de esta crisis. Resulta imprescindible pensar lo más integralmente posible la situación, ya que si bien, cada decisión política determinará indefectiblemente el curso de esta inusitada pandemia, también, cada decisión individual afectará el devenir del todo el sistema mundo que finalmente acabará repercutiendo en cada sujetx.

Entendemos esta crisis, también, como evidencia de la determinación de los modelos extractivistas dominantes, sobre los procesos salud-enfermedad de las personas, tanto en la dimensión individual como en la colectiva.

Esos modos de producción explotan nuestros territorios, con la consecuente contaminación del agua, aire y suelo con agrotóxicos, microplásticos, metales pesados y gases tóxicos, imponen la deforestación con corrimiento de la frontera agrícola, la explotación animal en condiciones deplorables, constituyendo un medio de cultivo ideal para la génesis de mutaciones virales, como quedó demostrado con la gripe aviar, la gripe porcina y el SARS, entre otros.

Todo ello es evidencia incontrastable de la alteración que hemos generado a los procesos metabólicos del planeta, con la instalación y globalización de los modos de producción extractivistas, generando un deterioro progresivo en la salud de las comunidades y reduciendo la capacidad de la respuesta inmunológica humana ante diferentes agresiones.

Se han construido sociedades que prescinden de un juicio crítico sobre su fundamento y sentido, que abandonaron la discusión sobre cuáles deben ser las necesidades a satisfacer y los objetivos que necesariamente deben perseguir.

Por otro lado, las graves consecuencias de esta pandemia, desnudan la fragmentación, desfinanciación y vaciamiento que ha sufrido el sub-sistema público de salud producto de las políticas neoliberales y la consecuente mercantilización de la salud. En este marco, si bien impera poner el foco en la urgencia, no podemos dejar de mencionar que las respuestas dadas desde un sistema con estas características se basan principalmente en el sostenimiento del aislamiento individual, limitando al mínimo la concurrencia a espacios asistenciales y apuntando todas las herramientas a les enfermes de coronavirus. En fin, solo en acciones encaminadas a gestionar la enfermedad, sin tiempo para políticas que generen cambios esenciales que nos preparen mejor ante futuras pandemias, predeciblemente recurrentes.

En las carreras de medicina, por ejemplo, más allá de las formalidades y perfiles de egresades declamados, lo cierto es que se menosprecian y minimizan los contenidos y asignaturas como “Salud Socioambiental”. La “Epidemiología” es reducida a una mera ecuación matemática para el conteo de casos. “Salud Pública” y “Salud Colectiva” son siempre relegadas a sobrevivir en los pequeños lugares que le dejan los contenidos asistenciales de la enfermedad inmediata e individual que hegemonizan la formación y por lo tanto las prácticas. Se eliminan los pocos espacios para el desarrollo del pensamiento crítico y les estudiantes quedan cada día más alejados de los principios que impulsaron grandes médicos, como Ramón Carrillo y Arturo Oñativia.

Esta pandemia también evidencia que el mundo se ha vuelto más pequeño debido a los actuales medios de comunicación y transporte, con circulación continua y vertiginosa de mercancías y personas. Sumado a esto, los modos de vida en las grandes ciudades y conglomerados urbanos, facilitan y exacerban la propagación de este tipo de enfermedades.

Desde el Instituto de Salud Socioambiental (InSSA) entendemos a la Salud como “el ejercicio del derecho a luchar por una vida digna, fortaleciendo las diversidades y deconstruyendo las hegemonías, así como bienestar individual, interés colectivo, tanto como proceso de construcción social e histórica y como herramienta fundamental para la libertad de lxs sujetxs y los pueblos”.

Por ello nos sentimos invitades a pensar, imaginar y crear otras configuraciones posibles que trasciendan la lógica esquemática de los efectores asistenciales. Configuraciones con las que superemos el modelo médico hegemónico hetero-cis-patriarcal, retomando la dimensión pública y comunitaria de la salud para, junto a otras organizaciones sociales, construir un sistema de cuidados colectivo-doméstico-sanitario, como base para la sostenibilidad de la vida.

Consideramos que tenemos mucho que aprender de organizaciones que luchan bajo las banderas del feminismo, del ecologismo, de los pueblos originarios, de la vida campesina; rescatando la solidaridad y la horizontalidad, empujando las barreras que limitan la vida, para liberarnos de las inequidades, generando sociedades más libres y saludables.

En medio del aislamiento obligatorio (al que se recurre para ganar tiempo mientras se dota de insumos al sistema asistencial), resulta imprescindible repensar el diseño de los espacios comunes (reducidos cada día producto de privatizaciones, especulación inmobiliaria y cercos restrictivos) para que las políticas de seguridad, sociales y de cuidado, permitan avanzar en la configuración de ciudades pensadas y diseñadas para la sostenibilidad de la vida, en las que respirar no nos enferme, donde el sol y la ventilación adecuada en las viviendas sea un derecho de todos, donde el agua potable y segura llegue a todos los hogares (y no a la explotación minera, de hidrocarburos o agroindustrial). Ciudades en las que les mayores cuenten con lugares cómodos para sentarse y descansar cuando salen a la calle (frescos en verano, tibios en invierno), y nuestras infancias jueguen tranquilas y crezcan sin temores, porque saben que están siendo cuidadas por todxs. Ciudades donde el foco esté puesto en el buen vivir de los pueblos y no del mercado financiero. Ciudades en las que la Soberanía Alimentaria constituya la columna vertebral de los nuevos ordenamientos sociales.

Una sociedad que no es capaz de garantizar una alimentación adecuada para los pueblos pierde el primer elemento, sustancial, para el cuidado de la salud y la recuperación de la misma ante diferentes injurias.

Sin dudas, los momentos de crisis nos dan la posibilidad de redefinir las estructuras y sus lógicas de funcionamiento.

A pesar de las graves consecuencias que esta pandemia puede tener sobre nosotres tanto a nivel individual como colectivo, podemos asumirla como una oportunidad de aprendizaje. Puede convertirse en un punto de quiebre y llevar a repensarnos a nosotres mismes, haciendo emerger sentimientos de cooperación, solidaridad y respeto por el hecho de comenzar a reconocernos en ese otre. O también puede reconstituir el orden pre-establecido para seguir aún más fortalecido, prevaleciendo sentimientos individualistas de aislamiento, egoísmo, autoritarismo, discriminación, de “sálvese quien pueda”.

Es el miedo el que potencia estos últimos, y en esta pandemia está exacerbado por la forma en que se maneja la des-información. Con miedo nos lavamos las manos. Con miedo nos alejamos de les otres. Con miedo nos aislamos y encerramos cada día más en nosotres mismes. Con miedo no hay transformación posible, no hay modo de romper los límites que nos condicionan.

Permitámonos en este tiempo crecer como sujetxs, como pueblo y como sociedad. Animémonos a salir de esta situación, diferentes. ¿A qué? En principio a nosotres mismes ayer.

Que esta pandemia saque lo mejor de nuestra humanidad también está en nuestras manos. Que conduzca a nuevas formas de organización popular, donde se fortalezcan las diversidades, los vínculos solidarios entre nosotres y con nuestra Madre Tierra, asumiendo como desafío la transformación de los modos de vida actuales, para defender y priorizar  la salud de los ecosistemas y la defensa de la vida.

Instituto de Salud Socioambiental (InSSA)

Rosario, 14 de abril de 2020

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